Que de un luciente Arcoiris se había visto descender
Una preciosa doncella que hizo al sol palidecer
Pero parecía leyenda: nadie la podía encontrar.
Mas aquella real Princesa, aquella Hada celestial
Se hacía presente en el día mas no se le podía ver
Se hacía presente en las tardes, también al anochecer
Y nadie la podía ver porque era angelical.
Se le escuchaba en el llanto de bebés recién nacidos
En las límpidas sonrisas de las niñas y los niños.
Se sentía en el calorcito que provocan los cariños
En las lejanas campanas que lanzaban sus tañidos.
Se encontraba en el follaje de los árboles crecidos
Se adivinaba en la fronda de las rosas y los lirios
En los trinos y en los cuerpos de los pajaritos tibios
En el piar fragoroso de polluelos en sus nidos
Se le buscaba en la playa, en la arenita del mar.
Se le buscaba en el cielo, de la luna en el brillar
Y parecía sonreír, de una estrella al titilar,
Doquier estaba presente: nadie la podía mirar.
Finalmente descubríóse que aquella su omnipresencia
Era debida a su gusto por las playas, por el mar,
Por las aves, por las flores, por el bosque y el brillar
De las estrellas del cielo que eran su complacencia.
¿Quién era aquel ser hermoso, descendido sobre el mar?
Nadie lo supo decir, nadie supo adivinar
“Conny”, nos confió un infante que le quiso así llamar
Y desde entonces a “Conny” todos queremos soñar.
Mario


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